A 15 años de la Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing y a 10 de la Declaración de las Metas de Desarrollo del Milenio (ODM), como humanidad seguimos teniendo importantes pendientes en equidad de género. Por eso cuando la Ministra del SERNAM invita “trabajar en conjunto” a hombres y mujeres de alguna manera recoge el sentido profundo del tema de género, que nos involucra y nos debiera importar a todas y todos. Pero cuando dice que se acabó la “guerra de los sexos” posibilita el ocultamiento de luchas históricas que han intentado develar y transformar la lógica del poder que restringe a las mujeres a sólo ciertos espacios, como son los familiares, subjetivos y afectivos.
Marcela González se pregunta en una columna de El Mostrador: “…qué otros progresos nos esperan a las mujeres en esta lógica gubernamental, ¿volver a identificarnos con el lugar de la pasividad erótica? ¿Volver a la idealización perenne del amor romántico?” por supuesto que no. Tal vez el sustantivo de “guerra” no es el más adecuado porque nos recuerda lo peor de la raza humana. Sin embargo, tal vez esta es una guerra justa porque hay debates ineludibles y luchas que debemos seguir dando para aumentar la conciencia, para lograr justicia, para construir oportunidades que nos beneficiarán a todos y todas.
Los aspectos de la sociedad donde observar esas inequidades son múltiples. Sólo por nombrar uno muy reciente es del estudio de la cobertura que la TV hizo del terremoto hecho por el CNTV. En promedio, un 66% de las fuentes son hombres. Si desglosamos esa cifra vemos que donde hay menos diferencia es en Gobierno 57 (H)/ 43 (M) y afectados 54 (H) 46(M). Las distancias más impresionantes se dan en las fuentes del mundo empresarial, seguridad y políticos que en un 98, 99 y 97% de sus fuentes son hombres.
Esa construcción de realidad que hacen los medios de comunicación no es casual ni inocua. Tampoco, necesariamente intencionada. Sin embargo, detrás hay una mirada no consciente de que ese 97% no da cuenta de que las mujeres somos más de la mitad de los chilenos y que ahí no estamos representadas. Si extrapolamos este argumento, vemos que los medios son espacios privilegiados de distribución de poder, y que, por lo tanto, ese estar fuera de la TV tiene consecuencias. Como, por ejemplo, las que identifica María de los Angeles Fernández y Bet Gerber al reflexionar sobre el por qué el Presidente Piñera invitó sólo a hombres analistas políticos a una reunión a palacio: “De esta sencilla forma, se van fortaleciendo los circuitos aceitados por décadas de información monocorde, a la vez que el “resto del mundo” queda atrapado en un círculo vicioso: no son invitadas porque no son tan notables, y no son tan notables porque no suelen figurar en aquellos ámbitos reservados a los bendecidos por la fama”.
No importa si lo llamamos guerra o no, lo evidente es que muchos de los problemas que motivaron las luchas siguen pendientes, por lo tanto, lo clave es impulsar la energía innovadora de los estudios de género y apostar al cambio social perfilando políticas y acciones potentes y convocantes.
Referencias:
Columna de Marcela González “La Guerra de los sexos”
http://m.elmostrador.cl/opinion/2010/06/23/sexos-%c2%bfguerra-superada/
Columna de María de los Angeles Férnández y Bet Gerber “Piñera y el Cíclope”
http://m.elmostrador.cl/opinion/2010/06/23/pinera-y-el-ciclope/
Estudio del CNTV cobertura del Terremoto
http://www.cntv.cl/medios/Destacado/Estudio_cobertura_televisiva_del_ter...

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